
De repente algo cayó de un bolsillo y mi vida y la de mi familia cambió
para siempre.
Desde que tengo uso de razón, mi familia había sido como el rotar de las
aspas de un molino, siempre girando sin cesar, al vaivén que marcan los vientos
de la decencia y de las buenas formas y debo confesar que de esa manera nos
había ido siempre aparentemente bien.
Mi padre era un respetable cargo de un partido político, siempre dispuesto
a mostrar su cara más agradable de puertas afuera, siempre con sus códigos y
sus reglas, sus estereotipos y sus consejos, los cuales a menudo no eran
requeridos, pero aún así, predicados una y otra vez hasta la...