
Como mariposas en el alma
que descienden lentamente desde tu paladar
hasta mi garganta,
así golpea el deseo deslizándose lentamente
contra mis sienes, sobre mis palmas,
aferrándose como verde hiedra para trepar sinuosa
y quedamente, por las líneas de mi espalda,
allí donde mora desnudo y vencido el rocío
al resbalar herido de muerte entre la
hojarasca…
Me dicen que ya no ves las marismas desde tu fría
ventana,
que ya no pintaré de cal las paredes que
guardaban tu casa
pero olvidas que el deseo, no es tanto pasión
como prestancia,
que cuando halla labios de otros labios desterrados
siempre busca algún sentido, que evite...