"Dedicado a todos aquellos que intentamos nadar contracorriente en el ámbito cultural de las Islas Canarias"

18 de octubre de 2011

La danza del Sol



Aunque de manera un poco sesgada y sólo debido a la influencia del cine norteamericano, los estudiosos y admiradores de la cultura nativa de los EE.UU de Norteamérica hemos podido, de alguna manera, acercarnos visualmente a los rituales y creencias de estas culturas. Para ser más concretos, en este humilde artículo, nos circunscribiremos principalmente a las tribus que habitaban las grandes llanuras del medio oeste norteamericano y más concretamente a la cultura Cheyenne.

Dentro de los principales rituales o grandes ceremonias de los Cheyennes, podemos encontrar tres que subyacen entre todas las demás por su importancia no sólo para el individuo o individuos que la practican sino por su importancia a nivel colectivo. Estas tres ceremonias son: la Renovación de la Flecha (The Arrow Renewal- Mahuts), la Danza de Sol (The Sun Dance-Hoxehe-vohomo' ehestotse) y la Danza de los animales o Massa´ne (Animal Dance), también conocida como Massa´ne-hombres locos o contrarios.

Los ritos de a Flecha Sagrada y su renovación son únicos de los Cheyennes, aunque no así, la Danza del Sol, que es una ceremonia común a la mayoría de las tribus de las praderas y a unas pocas asentadas en la Gran Cuenca. El tema principal en esta ceremonia es siempre el mismo, la renovación del mundo, aunque existen grandes diferencias en los detalles del ritual entre estas diferentes tribus. El objeto de la ceremonia es crear un nuevo mundo. El nombre que los Cheyennes dan a este ritual, expresa todo el sentido que esta ceremonia encierra, ellos lo denominan “oxheheom”, que significa “tienda de la nueva vida” o “tienda del generador”. De esta manera formal, esta danza representaba sólo la creación de la Tierra.

El origen del mito de la danza del Sol entre los Cheyennes, es atribuido a dos diferentes héroes legendarios: Erect Horns (cuernos alzados-Tomsivsi) y Sweet medicine (dulce medicina-Mutsoyef) a los cuales Maiyun y el espíritu del Trueno, enseñaron esta danza para mitigar una gran sequía y hambruna que sufría el pueblo Cheyenne. De hecho, la Danza del Sol fue introducida en la cultura de esta tribu a través de otra, que compartía con ellos la misma lengua materna, el algonquino. Esta tribu eran los Subtai, los cuales habían sido enemigos de éstos y posteriormente se convirtieron en sus aliados.

La ceremonia es ofrendada por un individuo y ésta se realiza en los años en los que no hay Renovación de la Flecha. La Danza del Sol requiere una duración de ocho días para completarla. Los primeros cuatro días se utilizan en la construcción de la tienda de la danza y los ritos secretos en el Tepee Solitario, el cual simboliza la montaña sagrada. Los siguientes cuatro días, son dedicados a la danza pública en la tienda de la Danza del Sol.

Toda la ceremonia está repleta de simbolismo, tanto en lo referente a los objetos utilizados como a los individuos que participan en ella. Los elementos que integran la Danza Pública se dividen en cuatro partes: 1) la construcción de la tienda; 2) el ritual de los sacerdotes; 3) la danza en torno al tótem central y 4) la tortura-penitencia personal a modo de ofrenda y sacrificio de un individuo concreto.

El aspecto de estos rituales que a primera vista puede resultar más interesante para las personas que se acercan a esta ceremonia desde el desconocimiento total o parcial, es el de la tortura voluntaria, la cual es practicada por un gran número de tribus de la llanuras septentrionales de Norteamérica como una forma de sacrificio religioso, pero ninguna de ellas se acerca al grado de crudeza que posee la practicada por los Cheyennes. El sacrificio es hecho como resultado de un voto individual para obtener la compasión de los espíritus sobrenaturales con la esperanza de obtener buena fortuna. También se busca la aprobación popular y la obtención de prestigio social. El sacrificio propio de la tienda de la danza es conocido como ”colgarse del tótem central”.

La persona que ha hecho un voto de este tipo pide la ayuda de un “hombre medicina”, éste ata el extremo de dos cuerdas a un gancho que se encuentra en el tótem central, ajustándolo para que llegue sólo a la altura del pecho del individuo. El hombre medicina hace dos agujeros en la piel a la altura de los pezones . Luego se pasa una pequeña astilla de hueso de bisonte a través de los dos agujeros para que una estrecha tira de piel los cubra y agarre al pecho. Es en este momento cuando el danzante puede iniciar su rítmica danza atado de esta forma al mástil central, durante toda la noche, y si a la mañana siguiente las astillas unidas al pecho no le han liberado totalmente, desgajando la piel, su ayudante cortará la piel concluyendo así su penosa penitencia. Por otro lado, si el danzante desea llegar a una conclusión rápida de su sufrimiento, él mismo puede, a través de un cruento impulso hacia detrás, intentar desgarrar su piel en un intento por cortar sus ataduras y de este modo liberarse de su sufrimiento.

También existen ciertas variaciones en torno a este mismo ritual, como por ejemplo, colocar las astillas de hueso en la cara a la altura de las mejillas y también astillas sobre las cuales se colocan calaveras de búfalos que cuelgan sobre hombros y espaldas, pero la ceremonia más común es la de estar suspendidos del tótem central, atado a tiras de cuero por el pecho.

El sacrificio propio no contribuye en manera alguna a la renovación del mundo que se propone en la Danza del Sol, ni tampoco al beneficio de la tribu como ente propio. Su propósito se encamina, más bien, hacia la curación de un pariente o para prevenir acerca de los peligros en tiempos de guerra.

Por último, hay que reseñar que la mayoría de las ceremonias y rituales que mantenían a los nativos norteamericanos en contacto con sus deidades y con sus antepasados fueron prohibidos por el hombre blanco como elemento desnaturalizador y asimilador de estas culturas, al mismo tiempo que se les confinaba en reservas-guetos muy alejadas de las tierras de sus antepasados, con el fin de desterrar cualquier atisbo de orgullo guerrero. Hoy por hoy, se puede decir que el nativo norteamericano es, dentro del mosaico cultural-étnico-religioso norteamericano, el único grupo étnico al cuál se le prohibió, durante la última parte del siglo XIX y principios del XX, la libertad de culto, el uso de su lengua autóctona y la visita a las tierras sagradas de sus antepasados, en la mal llamada Tierra de la Libertad.



Bibliografía

The Cheyennes, Indians of the Great Plains, E. Adamson Hoebel. University of Minnesota.

Texto

Mario Manduca Gómez. Febrero de 1997.

Fotos e ilustraciones

(Ilustración) Dick West

(Foto) Un hombre llamado caballo.

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